sábado, 19 de junio de 2010

sebastian, el esquizofrenico

como cocinar un cristo
Calcúlese un Cristo, ya macilento, para cada dos personas. Se le extraen las alcayatas y se le separa de la cruz, que dejaremos aparte. Los estigmas pueden mecharse con tocino. Se desencostra con agua tibia y se seca cuidadosamente. En una fuente de horno y sobre lecho de cebollas, colocaremos el Cristo, al que untaremos con abundante mantequilla. Una vez salpimentado, pueden añadírsele especias y finas hierbas, al gusto. Se deja en horno moderado durante tres días, al cabo de los cuales sale completamente solo”

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Olvido. “Nota musical entre dos notas, verso nunca escrito, muerte súbita, regla del cartujo, palabra no inventada, extramuros del barullo, afluente del ruido, paso de cebra del miedo, estación del desierto, infierno del bocazas, secreto a voces, cierre de los bares, página en blanco, palabra de dios, ruina del cantante, poesía pura”

Melancolía. “Calle donde vivo, enfermedad incurable, territorio donde crecen las más hermosas canciones, los versos más exquisitos, mejor que la tristeza, mejor que la alegría, cerradura de la llave de los sueños, hombro donde apoyar la cabeza, lágrima furtiva, patria de don nadie, casa del viudo, río de los que no saben nadar, malo conocido, ojo del ciego, brazo del manco, oído del sordo, nostalgia del futuro”

Idiota. “El profesor que me suspendió en Matemáticas, el crítico que puso mal mi libro, lo que me dice el espejo, el que va de listo, nombre de un Rock&Roll, mejor que hijo de puta, Sardá, Van Gaal, Alfonso Ussía, otro que yo me sé, el novio de mi novia, el futuro novio de mi hija, lo que nadie cree que es, lo que somos casi todos”

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fantasia

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